Los desafíos del Cloud computing: el acceso, la propiedad y la portabilidad.

Si tienes un correo electrónico en Gmail, Yahoo o Hotmail estás en la nube. Si escuchas música de Spotify o Soundcloud, lo haces en la nube. Los vídeos de Youtube o Vimeo, los ves en la nube. Si miras películas de Megavideo o Series.ly, accedes a la nube. ¿Guardas y compartes tus archivos en Dropbox o Rapidshare? Acudes a la nube. Si almacenas fotos en Flickr o Picassa, lo haces en la nube. ¿Y las redes sociales? Puro vapor de bits, de hecho, su negocio es una gran nube.

RICARD VILLALOBOS – araemprenem – SÁBADO, 2 DE JULIO DE 2011.

Cloud computing significa, simplemente, almacenar cualquier archivo en un servidor o disco duro diferente del de nuestra computadora o red local, y poder acceder a él vía internet. La ventaja de los servicios en la nube para las pequeñas empresas es que la infraestructura tecnológica ya no es una barrera de entrada: la gestión, el almacenamiento y el acceso de datos se pueden contratar en cualquier parte del mundo y de manera mucho más barata. Para los usuarios, la principal ventaja es la ubicuidad. Y es aquí donde está la clave: el acceso (a internet) es más importante que la propiedad, la cobertura y la calidad de la banda ancha son más importantes que el tamaño y el lugar de los servidores.

Días contados

Aunque los servicios en la nube son el presente y el futuro de nuestra relación con la tecnología, el cloud computing tiene algunos desafíos por afrontar. Y sin entrar en la seguridad. Para empezar, gran parte de la ventaja competitiva de la nube está fundamentada en el hecho de que el coste de almacenamiento y los precios del acceso van a la baja. Esto ha resultado ser cierto hasta hoy, pero no debe ser así en un futuro próximo. El precio mayorista de almacenamiento en servidores ha pasado de los 10.000 dólares que costaban 20 megabytes de espacio en 1990, a menos de 5 céntimos de dólar por tres terabytes a finales del 2010. Por su parte, los precios mundiales de la banda ancha (medidos en precio para megabit) han caído en los países desarrollados más de dos tercios desde la aparición de las tarifas planas. Esta tendencia puede tener, realmente, los días contados.

La mayoría está acostumbrada a pagar el acceso en un esquema de tarifas planas, donde la cantidad de datos no cuenta: nos cobran por capacidad de transmisión y recepción. Utilizando un símil con el consumo de agua, pagamos por el grosor de la tubería, pero no por la cantidad de agua que consumimos. En EEUU, algunas compañías de telecomunicaciones ya han manifestado que, por culpa del creciente volumen de tráfico que soportan las redes, cobrarán, además, por la cantidad de datos consumidos. Si el volumen de datos pasa a ser una variable ligada al precio de la banda ancha, las aplicaciones o los servicios cloud se verán afectados, ya que el usuario no sólo pagará por el precio de este servicio, sino por la descarga.

Aunque después el proveedor esté dispuesto a asumir parte del coste de descarga reduciendo el precio final, es evidente que si el tráfico tiene un coste, el usuario tendrá menos incentivos para navegar y consumir. Un usuario activo de servicios, como Netflix (un servicio muy popular en EEUU de series, películas y documentales en streaming) o Spotify puede llegar a generar un tráfico superior a los 100 gigabytes al mes. En un informe reciente, Cisco señalaba que a finales del 2012, cerca de 1.000 millones de casas generarán más de un terabyte (1.024 gigabytes) al mes.

El otro desafío incluye la propiedad y la manera en que algunas empresas nos obligan a consumir o gestionar lo que adquirimos. ¿Qué facilidades otorga tu servicio cloud para trasladar tu información de una nube a otra? La gran mayoría presentan muchas barreras a la hora de trasladar contenidos o disfrutar en plataformas o aplicaciones ajenas.

El caso de Apple

Apple tiene un ecosistema absolutamente cerrado en el que una aplicación de su tienda no puede consumirse en ningún aparato que no sea de este sistema operativo, al igual que una canción de su flamante servicio de música en la nube y Cloud sólo se podrá escuchar a través de iTunes. Si hemos comprado estos archivos y hemos pagado después por un servicio de almacenamiento en la nube, ¿por qué no puedo descargarlo y escucharlo también en el aparato y el reproductor que yo quiera? El ejemplo de la música y el entretenimiento es trasladable a cualquier servicio, en el sentido de que las empresas que dominan una parte importante de la cadena de valor harán lo posible por desincentivar la portabilidad de una nube a otra.

El último gran punto de conflicto pasa por la propiedad de los contenidos y afecta sobre todo las redes sociales. ¿Unas fotos o un vídeo colgados en una red social pasan a ser directamente de esta red social o siguen siendo nuestros? ¿Hasta qué punto, por ser en su nube, pueden hacer uso del contenido que cuelgan los usuarios?

¿Más control?

Es evidente que, en el futuro, cuando la nube sea sinónimo de web y sistema operativo, aflorarán muchísimos más desafíos y problemas. Esperamos que, en aquel momento, los adivinos de la seguridad informática y los apóstoles del control sean minoría. ¡Lo esperamos!

Los desafios de la nube (pdf)


A %d blogueros les gusta esto: