La burbuja tecnológica empieza a tomar cuerpo


La burbuja dotcom (puntocom) creció como una ola gigantesca entre 1995 y 2000 y poco más allá de 2001 se derrumbaba y arrastraba con ella miles de empresas y todos los indicadores bursátiles ligados a la tecnología. Todavía hay lodos recientes de esa burbuja. El buscador electrónico Yahoo, que hoy está en venta, pagó 3.600 millones de dólares por el localizador GeoCities en 1999 y cerró la compañía hace dos años.

También en 2009 se declaró en bancarrota Nortel, la compañía canadiense que en 1990 diseñó un canal de redes de fibra óptica que hoy utiliza todo el mundo. Quizás era una idea demasiado temprana.

Probablemente sea esa la diferencia entre la década pasada y la actual. La practicidad real de los productos del sector, su aplicación efectiva en la masa global, la orientación a resultados económicos palpables y, claro está, la creación y consolidación de un mercado tras el paso natural del los años. En la década pasada, internet se convirtió en una realidad global, pero poco tangible para los usuarios, incapaces de interactuar de modo material con la red.

La burbuja tecnológica empieza a tomar cuerpo (pdf)

Show original

Un estadio nuevo
“El éxito de las empresas que componen el sector  tecnológico se centra ahora en el e-commerce y en el ámbito sociológico. Eso se traduce en una implantación masiva de la demanda  de lo que se derivará una más fácil captación de fondos por parte de los inversores. El e-commerce ha logrado un proceso de deslocalización, como es el caso de Groupon. Ha vuelto a situar  al usuario justo en el proceso final de compra, un estadio en el que no estaba en la década pasada”, asegura José Curto, analista de la consultora de tecnología IDC.
Esa vía, el comercio electrónico, es la que más ha conseguido consolidarse en los últimos cinco años.
Nacidas al calor de la efervescencia de los buscadores de internet, las redes sociales  y los sites de ventas de productos han encontrado un exponencial filón comercial que, gracias a la masificación de los ordenadores personales y a las conexiones a internet popularizadas en las economías modernas, está empezando a generar una fenomenal bolsa de cientos de millones de euros.
Pero, ¿vale realmente Facebook, la red social de interacción virtual entre usuarios, 66.500 millones de dólares? ¿y Twitter, la red de mensajes electrónica, es posible que alcance una capitalización bursátil de 8.000 millones de dólares?
Las dos compañías son dos de los principales exponentes de la fiebre e-com.
Facebook, que cuenta con una agenda personal de 800 millones de usuarios en todo el mundo, planea su oferta pública inicial de acciones para mediados del ejercicio  2013.
La salida a bolsa de Twitter —170 millones de usuarios— se podría producir el próximo año. Sólo en los ocho primeros meses ha captado 800 millones de dólares a través de fondos de capital privado con el fin de desarrollar su negocio.

Tocando el negocio
“Linkedin (una red electrónica de contactos entre profesionales) salió a bolsa y no se ha hundido. Es un único ejemplo por el momento, pero la realidad es que los recursos actuales del e-commerce y los ingresos que generan en publicidad estas compañías no se basan ya en cosas que no existen, como antes”, afirma a este periódico Ricardo Pérez, analista de Sistemas y Tecnologías de la Información en el IE Business School.
Así lo demuestran los datos. El beneficio de Facebook en el primer semestre de este año se duplicó, hasta 500 millones de dólares. El buscador Google, por su parte, registró un alza en su beneficio del 36% sólo en el segundo trimestre de este año, equivalente a 2.500 millones de dólares, con unos ingresos que rozaron los 7.000 millones de dólares.
En el caso de Linkedin, que debutó en bolsa el 19 de mayo pasado, el valor de su acción ha cedido un 10% desde entonces, pero el selectivo bursátil Nasdaq en el que está presente ha retrocedido un 18%, casi 500 puntos menos.
Linkedin mantiene una capitalización de 7.320 millones de dólares.
El negocio principal de Facebook se basa en un complejo sistema de algoritmos que, a partir de las palabras que utilizan sus usuarios en los comentarios que cuelgan en la web.
La suma de los datos de los perfiles, gustos, intereses y palabras utilizadas, multiplicadas por 800 millones de personas y convenientemente tamizados, representa una base de datos filtrada por la que no pocas empresas están dispuestas a pagar grandes sumas.

Priorizar búsquedas
En el caso de Google, ésta básicamente prioriza en su motor de búsqueda las palabras que una determinada empresa quiere que queden reflejadas, en las páginas principales o en las posteriores. Para muchos, la idea pervierte el sentido original de las búsquedas, pero Google ha insistido siempre en que siempre aparece lo que se busca. El orden, eso, lo marca la compañía con sede en California.
“Ahora, y no como ocurrió en la burbuja del año 2000, existen medios tangibles y traducibles en retorno. La gente invierte su tiempo en comunicarse y pasar tiempo en la red. ¿Y el dinero dónde está? Dónde la gente emplea su tiempo”, especifica Ricardo Pérez.

Velocidad calculada
Pérez reconoce que las tecnocom no está corriendo “a la velocidad que se esperaba”, pero asegura que eso no significa nada, “de igual modo que cuando se decía que la publicidad en televisión estaba muerta. Nunca ha sido así”, subraya.
Los nuevos medios electrónicos sí que pueden tener un problema en la hora no de su consolidación, pero sí de su valoración real, en un momento en el que las turbulencias de los mercados financieros continúa no desacelera y con amplios problemas para la emisión de deuda y la refinanciación de créditos por las duras condiciones crediticias.
“Puede ser preocupante si los PER (Price to Earnings Ratio, un ratio numérico que se asigna a un valor bursátil en función de la división del precio de cada acción dividido por el dividendo que reporta) son demasiado altos, y si el momento que se elige para salir a bolsa no es el adecuado”, indica Pérez, que rápidamente apunta que, aunque eso se produjera, “estamos hablando de modelos de negocio muy trabajados, a los que ya se les ha exigido rentabilidad, algo que no existía en la pasada década”.
El canal comercial de descuentos diarios Groupon es uno de los ejemplos que muestran cierto titubeo en la hora de valorar una empresa y su futuro. La firma ha retrasado su debú bursátil un par de veces, y hace dos semanas reconoció que su presentación en los mercados “es incierta”. ¿La razón? Su contabilidad no está muy clara, o eso señala el regulador del mercado de valores estadounidense.
Groupon ha pasado de tener un valor de mil millones de dólares a entre 15.000 y 25.000 millones en el primer trimestre de 2011.
Hoy, ningún analista se arriesga a valorar la compañía hasta que sea más concisa con su balance financiero.
Otro modelo que tampoco encuentra por el momento su salto a la bolsa es Spotify, el reproductor de música vía streaming (descarga en vivo).
La empresa tiene un valor estimado de entre 1.600 y 1.800 millones de euros, pero todavía no está claro si su modelo de negocio —cobrar por escuchar música mediante un acceso premium— permite generar ingresos recurrentes y continuados que justifiquen su futuro como cotizada.

Valores al alza
Zynga, el desarrollador de software a través de aplicaciones (app’s) en smartphones y tabletas, es uno de los exponentes que demuestra un modelo que no podría haber existido en la década pasada y que sigue un modelo concreto de negocio.
La rentabilidad se muestra en números y descargas que se cuentan ya por miles de millones con este tipo de compañías. Apple dijo la semana pasada que ha superado 5.000 millones de descargas de app’s en el su sistema operativo ‘iOs’.
En el caso de Zynga, que posee en su cartera aplicaciones de juegos que arrasan también en redes sociales como Farmville, el grupo prevé aparecer en la lista de empresas cotizadas en Estados Unidos en noviembre, con una oferta pública inicial de acciones cercana a mil millones de dólares y una capitalización estimada de 20.000 millones.
Un valor no tan alto, pero también medido “en varios miles de millones de dólares” según su fundador dijo en agosto, es que tendría Rovio, la empresa finesa creadora de la aplicación —de pago— para iPhone Angry Birds. Para dar una idea del volumen de negocio que genera basta señalar su volumen de descargas del juego: 350 millones hasta el 12 de septiembre.
Rovio planea salir a bolsa en los próximos dos o tres años.

Internet, día a día
La realidad de la burbuja tecnológica se asienta hoy sobre un cimiento relativamente sólido. Es común regresar del trabajo a casa y observar varios paquetes en el portal procedentes de negocios que operan en internet.
Y la procedencia de los paquetes es tan variopinta como ejemplificadora de cómo está creciendo la ola tecnocom. Desde Zara, que dispone de un modelo de negocio consolidado que sólo ha pulido más con la incorporación de su web comercial, hasta firmas que hace poco eran start-ups, como Privalia y Buy-Vip, que hoy se han hecho un hueco en los hogares.
“Seguiremos viendo más y más incorporaciones de compañías nuevas al sector”, asegura Ricardo Pérez, del IE Business School.
La globalización de la tecnología, la idea de que dicho sector parece resultar un proyecto ya en vías de consolidación, y con un poder inusual, se dio hace tan sólo una semana, con la muerte de Steve Jobs, el cofundador de Apple.
¿Alguien imagina, hace 10 años, una cobertura de talla mundial como la que se le ha brindado a este directivo? El mundo entero estuvo pendiente de Apple, de la tecnología, de algo que considera ya parte de su vida cotidiana.


A %d blogueros les gusta esto: