Internet de las cosas: Números que provocan vértigo

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En el internet de las cosas, todo, desde los seres humanos hasta los objetos, tiene una identidad digital propia En una generación, el mundo ha saltado de 200 millones de dispositivos conectados a más de 10.000 millones.

El negocio del internet de las cosas puede generar unos 10.500 millones de euros en el mundo, según Cisco.

Norberto Gallego – Dinero – LA VANGARDIA

Coches fantásticos, refrigeradores inteligentes, gadgets detectores de casi cualquier cosa… la imaginación es libre, y cualquiera diría que la industria de la tecnología se está dejando llevar (otra vez) por una pulsión utópica. La queja periódica de quienes se dicen condenados a pasar el día conectados suena un poco anticuada, porque no saben lo que viene.

El último grito de la tecnología atiende por internet de las cosas. No tiene una definición única, por lo que lo mejor será remitirse a la original, de 1999: “Un mundo en el que todo, tanto los seres humanos como los objetos inanimados que los rodean, tenga identidad digital propia, que permita a los ordenadores organizar su existencia; para esto hará falta que cada ente esté activamente conectado bidireccionalmente” a través de un canal bidireccional (Kevin Ashton). El británico Ashton, que inventó las etiquetas inteligentes RFID, sí que preveía lo venidero.

La semana entrante tendrá lugar en Barcelona una conferencia internacional sobre el asunto, Internet of things world forum, y a ella acudirán cientos de especialistas cuyas discusiones girarán en torno a diagnósticos futuristas pero no ficticios. Según la fundación francesa Idate, en el 2020 habrá en el mundo 80.000 millones de conexiones entre dispositivos de distinta naturaleza, que en su hipótesis corresponderían a tres categorías: los de comunicación, desde los móviles hasta los aparatos de smart TV; los descritos como máquina a máquina (M2M); y los objetos, en los que cabría incluir casi cualquier cosa que, aunque carezca de electrónica en su seno, esté vinculada al resto de la realidad a través de dispositivos intermediarios.

La primera categoría, esa que perturba a quienes no quieren vivir enganchados, representaría sólo el 11% del total y el 85% correspondería a la tercera, de definición difusa. Hay otras cifras, como se verá.

Xifres que provoquen vertigen

El gran protagonista de la conferencia será John Chambers, presidente de Cisco. Su empresa ha publicado este año un estudio sobre lo que prefiere elevar a la categoría de internet de todas las cosas ( internet of everything, IoE). La línea argumental de sus hallazgos fue explicada a Dinero por José Manuel Petisco, director general de Cisco en España: “En el espacio de una generación, el mundo ha saltado de 200 millones de dispositivos conectados a más de 10.000 millones en el 2012, y la información que circula por ellos ha pasado de duplicarse cada 1,3 años a multiplicarse anualmente por 25; la próxima ola nos elevará hasta 50.000 millones de dispositivos conectados, y la información se multiplicará por 3,3 cada mes”. Aun así, sólo el 1% de las cosas están conectadas, falta el 99%.

Si a alguien estas cifras le parecen grandiosas, lea esta otra: 14.400 millones de dólares (10.500 millones de euros) es el valor que Cisco atribuye al negocio que puede generarse en el mundo. Esta cifra reflejaría no sólo las inversiones, sino la mejor utilización del capital y los recursos, la mejora de la productividad de los empleados y la transformación de la cadena logística.

Petisco se detiene en uno de los nueve sectores que ha analizado en doce países, la industria eléctrica. “Entre generación, transporte y distribución hay 234 protocolos diferentes; si fuéramos capaces de replicar en esta industria lo que ha sido la historia de internet y llevar esos 234 protocolos a plataformas inteligentes comunes y/o compatibles, se podrían tomar decisiones en tiempo real que darían un enorme progreso de eficiencia. El mismo análisis se podría hacer para el transporte, la sanidad, el hogar conectado… casi cualquier esfera que se nos ocurra”. La base tecnológica existe, hay que desarrollarla para cada tipo de aplicación, para cada proceso y, en paralelo, repensar los modelos de negocio, concluye.

Un consultor que estará en Barcelona esta semana rehúsa comentar estas cifras, pero matiza el análisis de Cisco. El mayor potencial –dice– está en los sectores menos digitalizados: “Internet ha transformado las industrias intensivas en información, pero no será tan fácil en las del mundo físico; si se las convence para implantar una trama de sensores y dotarse de capacidad de análisis masivo de los datos recogidos ( big data), el impacto sería formidable. Sin olvidar el papel fundamental de las ciudades, auténticos sistemas de sistemas y esencialmente inconexos”.

Mirando atrás, en la primera fase de internet, las direcciones IP fueron asignadas a los ordenadores: unos eran servidores y otros descritos como clientes que consumían (y/o creaban) contenidos almacenados en aquellos. Hasta que el número de direcciones posibles con el protocolo IPv4 estuvo al borde de agotarse, hubo que recurrir al IPv6. ¿Cuál es la diferencia? Pasar de 4.294.967.296 direcciones a –agárrese, lector– 340.282.363.920.938.463.363.374 .607.431.768.211.456. Ahora sí que es posible cumplir aquella predicción de Ashton: “Un mundo en el que todo, tanto los seres humanos como los objetos inanimados que los rodean, tenga una identidad digital propia”.

Después de todo, los microprocesadores están en todo tipo de cosas: electrodomésticos, coches, tarjetas de crédito, pasaportes, mascotas, cámaras de seguridad, ascensores… Si se les añade conectividad y capacidad de procesar al instante la información, toda aplicación imaginable estará al alcance. Como dice herméticamente Peter Sondergaard, del Gartner Group: “Toda persona es potencialmente un ente tecnológico e internet alcanzará una escala universal”. ¿Hay alguien ahí fuera que tenga miedo?


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