La Fura te lleva a los límites del caos tecnológico gracias al móvil

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Lo advertía en entrevista Carlus Padrissa, uno de los directores de La Fura dels Baus, horas antes de que viéramos M.U.R.S.: «Es un trabajo sobre los límites del caos». Con ese aviso en mente, era difícil no disfrutar de la nueva performance del grupo teatral catalán, que nos tiene muy acostumbrados a la transgresión. Con ellos parece que hay que elegir entre el amor y el odio, pero no es un problema para los fundadores. La cuestión es no dejar indiferente. Misión cumplida en las seis funciones que han ofrecido en el Festival Grec.

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Debe ser la primera vez que a la mayoría de los espectadores les pedían que no apagaran los móviles porque iba a comenzar la función. De hecho, a la entrada del Castell de Montjuïc -envidiable recinto escogido para la representación- se advertía que debían tenerse encendidos, usar el wifi interno y bajar la app que los guiaría a través de lo que se conoce ya como el primer smart show de la historia. Si tenías batería baja, un móvil obsoleto o simplemente carecías de él, podías echar un vistazo a la pantalla del desconocido de al lado. Primera barrera que había que estar dispuesto a romper, pero no la última en un show que requería mente abierta para correr, saltar y mojarse si era preciso.

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Lo cierto es que un espectáculo donde la tecnología tiene un papel esencial, no se vive de la misma forma sin ella. Como en el mundo real donde quienes no están al día son poco menos que outsiders. «La gente ya no puede desprenderse del móvil así que se crearán más smart show», aventura Carlus Padrissa, emocionado por «las dependencias que se crean y por las frustraciones». De nuevo, como la vida misma.

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Y es que en M.U.R.S. no siempre funciona todo. Si es voluntario o no, no podemos decirlo. La obra se divide, como los espectadores, en cuatro escenarios y el móvil, con sus vibraciones y sus llamativas alertas, nos va guiando sobre lo que debemos hacer y dónde debemos ir en una especie de yincana 2.0 con mensaje de fondo para quien quiera entender. «Si la red se colapsa, falla la comunicación o nos manipulan el GPS te desinforma: es un arma que te puede ir a favor o en contra». Y eso sucedió en el Castell de Montjuïc para algunas -no todas- de las más de 1.000 personas que abarrotaban el recinto aquella noche. «Se supone que los teléfonos nos han de salvar, pero se cuelgan», resume Padrissa. «El reto es mantener el flujo de actividad en la app acorde con el espectáculo», apunta, por su parte, Nacho Sánchez, CEO de InQBarna, desarrolladores de la aplicación.

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Tampoco le habría pasado a menudo al espectador tener que ver una obra de pie. Nada en M.U.R.S. es convencional. Pero es que estamos ante una performance donde el espectador es, precisamente, actor. Lo peor sería acabar la obra sin darse cuenta de este detalle que hace imprevisible la obra cada día. «La gente debe interactuar y hay quien sale adelante y quien no, por lo que se crea mucha división, que es también lo que hacen los muros», explica Padrissa.

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De eso va la nueva creación de La Fura dels Baus. Muros invisibles, smart cities que tal vez no lo son tanto, crítica social a nuestra obsesión por un cuerpo diez, a nuestra indiferencia ante la violencia y al borreguismo, perdón, al que lleva la tecnología. «Grita tanto como puedas», se lee en el móvil. Y el Castell era una jaula de grillos donde reinaba el desconcierto entre los que gritaban y los que no. Hay quien salió con el enfado de quien no comprende el porqué del ruido, las carreras y los móviles que encadenan Whatsapp sin fin. Y hay quien salió con la sonrisa del que no necesita entenderlo todo porque acaba de ver algo único que tiene mucho más de él de lo que podía imaginar.

Noticia de Andrea Pelayo Herrera en EL MUNDO

Imágenes de Fotocrònica de M.U.R.S: la Fura més tecnològica

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