Los bufetes tratan de mitigar los riesgos de los “wearables”

Estos dispositivos inteligentes incorporados a nuestro cuerpo mediante pulseras, relojes o prendas de ropa, podrían presentar un riesgo legal para la privacidad y la protección de datos de los consumidores.

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EXPANSIÓN – Carlos García-León

Los wearables son el producto que más está creciendo en el sector tecnológico. Su imparable ascenso quedó patente en la edición de 2014 del Mobile World Congress, celebrado en Barcelona. Estos aparatos y dispositivos electrónicos que se incorporan en alguna parte de nuestro cuerpo interactuando continuamente con el usuario y con otros dispositivos –como los smartphones– con la finalidad de realizar alguna función específica, se encuentran cada vez más presentes en nuestras vidas. Pueden ser relojes inteligentes, zapatillas de deporte con GPS incorporado o pulseras que monitorizan nuestro estado de salud.

Algunos de estos dispositivos se llevan puestos los 365 días del año y suelen recoger dos tipos diferentes de datos: biométricos (huella, foto de la cara, etc.) y biomédicos (constantes vitales, actividad física, calorías…). Muchos de estos dispositivos están clasificados como sanitarios –que es como nacieron– , por lo que tienen que cumplir con una serie de leyes y una directiva europea.

Sin embargo, los wearables se están generalizado como un gadget atractivo a través de joyería, llaveros, anillos, etcétera, y según los expertos consultados por EXPANSIÓN, «muchas veces se están saltando las legislaciones». Este tipo de aparatos suele recoger y enviar a otro dispositivo información sensible, donde se almacena. El problema, asegura Carmen Casado, abogada de Jausas, es que «esto presenta un riesgo para la privacidad y la protección de datos, porque hay una amenaza de que el consumidor pierda el control de sus datos de carácter personal». Casado añade que «el 85% de las aplicaciones no ofrece información a los usuarios de qué se va a hacer con la información de carácter personal de los usuarios».

Para Eduard Blasi, abogado de Marimón, «las empresas pueden deducir muchas cosas de la actividad de estos aparatos. Por ejemplo, de un dispositivo que mide la actividad física se puede saber si una persona es sedentaria, qué peso tiene o cuáles son sus hábitos, información confidencial muy atractiva para muchas compañías de servicios para ofrecer sus productos para potenciales clientes».

Responsabilidad

Las empresas que crean y lanzan estos productos tienen una responsabilidad y están empezando a contratar a bufetes para identificar dónde pueden estar los riesgos. Aunque las peticiones de asesoramiento todavía no están siendo muy altas, empieza a haber un gran número de acercamientos y consultas de fabricantes. «Los abogados, además de tratar de adelantarnos a los problemas legales que pudieran surgir, debemos diseñar las políticas de privacidad y de confidencialidad para que el usuario pueda otorgar la autorización necesaria», explica Casado.

Muchas multinacionales del sector del deporte ya están desarrollando o participando en aplicaciones que tienen un componente importante en el ámbito de la salud. Google, por ejemplo, prepara en colaboración con Novartis unas lentillas inteligentes para diabéticos, que les ayudará a medir con mayor precisión el nivel de glucosa en las lágrimas. Tendrán unos sensores no invasivos, así como microchips y componentes electrónicos muy pequeños.

Legislación

Alejandro Touriño, socio de Ecija, asegura que unos de los principales problemas en estos casos es que, «como muchas veces, los fabricantes de estos dispositivos son nortearicanos, se niegan a aceptar la legislación europea. Es cierto que ya se ha apuntado, como en el caso del derecho al olvido, que si el proveedor es europeo, tiene que atenerse a la legislación comunitaria, pero en la práctica muchas compañías no lo hacen».

Touriño añade que lo más importante es que «estos aparatos o aplicaciones tengan un procedimiento claro para pedir y obtener el consentimiento del usuario para el tratamiento de sus datos. Y además que se aclare muy bien cómo serán tratados esos datos, para verificar que no se usan para otros fines».

¿Herramientas para el espionaje?

Muchos de estos ‘wearables’ tienen una cámara de vídeo incorporada para, por ejemplo, ir grabando el recorrido que un corredor realiza durante una carrera o en sus entrenamientos. Al igual que muchos espías han pirateado las webcam de muchos ordenadores de sobremesa o portátiles de cualquier usuario, los ‘hackers’ también podrían acceder fácilmente a las cámaras de los ‘wearables’.

Se estaría desarrollando, sin que el usuario sea consciente, una herramienta de espionaje difícil de detectar si se encuentra en joyas o partes de la ropa, por ejemplo. En este momento, los expertos no creen que los ‘wearables’ estén en el punto de mira de los creadores de amenazas APT (amenazas persistentes avanzadas), pero añaden que es probable que en el futuro se conviertan en objetivo si llegan a ser adoptadas ampliamente por los consumidores. «En el futuro, los datos recogidos por estos dispositivos atraerán nuevos jugadores a la escena el ciberespionaje», aseguran.

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